SOBRE LO TRANS
El fin de la diversidad, de la igualdad y de la inclusión.
La pregunta es si estamos ante el final de lo queer y de lo trans. Cuando apenas estábamos empezando a entender lo que significaba, sólo en algunas partes privilegiadas del mundo, claro está, ya lo están prohibiendo en esos mismos lugares. Dilapidando, más bien. No todas lo vemos así de feo. Hay quienes aún juzgan el momento con tibieza y dudan de que esto sea el final. Las de "no exageres".
¿Qué ocurre en una sociedad que, cuando tiene toda la maquinaria engrasada para dar un paso de gigante en lo que se refiere al ser humano, a lo más íntimo, a su identidad de género, decide acabar con todo eso de un plumazo?
Lo que parecían derechos adquiridos se han convertido en privilegios de unos pocos. El nuevo presidente de los Estados Unidos, el país que nos dio lecciones en derechos humanos el siglo pasado, ha dado carpetazo a un puñado de derechos civiles en menos de dos semanas. Ha cortado los fondos a nivel nacional de todos los programas DEI (Diversity, Equity and Inclusión) que fomentaban que esos tres valores estuvieran presentes en los distintos organismos y programas financiados por el estado. Promover políticas que favorezcan la representación de distintos tipos de individuos en todos los lugares de la sociedad, se ha cancelado, prohibido. Banned, la palabra más escuchada últimamente.
Pero, si es capaz de imaginar un resort encima de los cadáveres aún sin sepultura del genocidio de Gaza, ¿qué no será capaz de hacer?
Sin despeinarse, ha dejado a un montón de personas en paro, y a muchas más, aterradas con lo que vendrá. Las que sentimos que el final del siglo pasado nos ofrecía una pizca de aire fresco para ser más libres, una esperanza para poder ser, por rotas o desperfectas que nos vieran, nos revelamos ante la idea de que sólo fuera un espejismo. Parecería una broma de muy mal gusto que nuestro deseo y derecho a ser como somos hubiera sido cosa de una etapa.
La libertad para celebrarnos en manifestaciones multitudinarias que recorrían las grandes ciudades ha cambiado de bando. Ahora son los que nos han prohibido los que ondean sus banderas y gritan libertad con una obscenidad impúdica. Porque ahora ya no son como los de antes. Ahora vienen con nuevas armas para lidiar una guerra más sutil. Ahora no podremos ser ni siquiera en la clandestinidad de los cuartos oscuros. Conocen nuestros escondites porque se los hemos enseñado nosotras.
Recuerdo que un amigo me dijo que exageraba cuando le comenté mi miedo ante la posible victoria de este presidente. Las mentes tibias, las que no se oponen con toda la ferocidad de la que puedan hacer acopio, las que excusan lo obvio para no implicarse, para no entrar en conflicto, las que frenan a las que gritan, las del "no exageres"... me preocupan más. Porque puede que algún día se vayan de vacaciones al resort que construirán encima de nuestra identidad.
UNA(y no)MÁs
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